Vigilancia en Kensington: ‘No podemos escapar ese sentimiento, ni siquiera en nuestras escuelas’

Rebecca M. Baret que está de pie delante de un mural en Kensington, Filadelfia (Foto por Solmaira Valerio)

Nota de la editora: Este artículo de opinión fue escrito por Rebecca M. Baret, quien es una estudiante de una escuela pública de Filadelfia, residente de Kensington y miembro de Youth United for Change.

Mi nombre es Rebecca, y he vivido en Kensington desde que puedo recordar. En octubre pasado, me uní a una organización llamada Youth United for Change (YUC), que ayuda a los jóvenes en Kensington y en todo Filadelfia a luchar por la financiación escolar que apoya a los estudiantes. YUC se comunica con los miembros de la comunidad sobre lo que realmente significa estar seguro y cómo podemos crear una comunidad más segura.

En YUC, seguro (safe) se significa:

S: Apoyar la estabilidad de la comunidad.

A: Recursos asequibles que son accesibles y responsables ante nosotros.

F: Lugares para vivir que son totalmente financiados y satisfactorios, y

E: Abordar los problemas efectivamente con empatía y empodera a la comunidad para hacerlo, juntos.

Kensington es conocido por algunas personas como los “Badlands” de Filadelfia. Como miembro de esta comunidad, creo que es injusto que Kensington sea percibido de esa manera. En mi opinión, Kensington es tan bueno como sus residentes. Si no podemos obtener los recursos que necesitamos para que nuestra comunidad prospere, ¿cómo podemos mejorarla?

Simplemente caminando por la calle, estamos expuestos a todo tipo de delitos, violencia y personas que usan drogas. También estamos expuestos a la policía durante sus turnos en nuestro vecindario. Cuando se vive en Kensington, no hay escapatoria de ver a la policía en cada calle. Los oficiales de policía en automóviles, en bicicletas y, a veces en caballos, vigilan nuestra comunidad. Debido a esto, somos obligados a sentirnos encarcelados en nuestros propios hogares. No podemos escapar ese sentimiento, ni siquiera en nuestras escuelas.

La vigilancia escolar en Filadelfia ha sido, por mucho tiempo, un tema delicado para estudiantes y miembros de la comunidad. Entendemos que la policía está ahí para impedir posibles crímenes; pero los estudiantes como yo, que viven en Kensington, están mal caracterizados y tratados como delincuentes porque vivimos en un vecindario de clase trabajadora y de bajos ingresos. A menudo nos atacan excesivamente los policías, tanto dentro como fuera de la escuela, que no nos brinda el apoyo que necesitamos y crea un ambiente en el que los estudiantes se sienten inseguros, desprotegidos e inauditos. Además de esto, la policía en nuestras escuelas a menudo se puede encontrar persistente y no siendo útil cuando se necesita. Esto me recuerda de situaciones en las que los policías tardan media hora o más en responder a una llamada en nuestro vecindario.

Las experiencias que nos encontramos viviendo en Kensington se reflejan en lo que hacemos en nuestras escuelas. Por ejemplo, alguien que ha visto violencia de primera mano puede portarse mal en la escuela, alguien cuyo padre no está presente en su vida puede faltarles el respeto a las figuras de autoridad y alguien que no tiene suficiente comida puede robar para conseguir algo para comer. En lugar de proporcionarnos con los recursos que necesitamos para superar estos obstáculos, nuestras comunidades y escuelas utilizan a la policía como una solución temporal y nunca abordan la raíz del problema.

Aunque algunas personas clasifican a Kensington como una “causa perdida”, la realidad es que se ha establecido de esa manera por un ciclo de pobreza que hace que las personas de bajos ingresos y de la clase trabajadora fracasen o logren el nivel mínimo de éxito. En YUC, creemos que para corregir estos problemas inherentes y abordar la privación histórica que los causa, debemos comenzar cambiando la idea de que la única acción correctiva es la vigilancia. Nuestras comunidades deberían ser capaces de tener éxito al recibir recursos que realmente apoyen a las personas y les ayuden a alcanzar su máximo potencial en lugar de tratar de superar los obstáculos sin ningún apoyo real.

Para hacerlo, las escuelas deben ser lugares totalmente financiados que les ofrecen a los estudiantes los recursos que necesitan para tomar decisiones seguras en sus vidas. Esto podría lograrse redistribuyendo el presupuesto policial a donde realmente se necesita y donde contará. La capacitación de maestros y personal, un aumento de psicólogos escolares y trabajadores sociales y la integración de grupos de apoyo entre los jóvenes ayudarían a los estudiantes más que la vigilancia. Los estudiantes deberían tener la oportunidad de reunirse en grupos con sus compañeros y mediadores capacitados para resolver cualquier problema que pueda surgir. En YUC, creemos que no importa quién eso de dónde viene de, todos merecen comunidades y escuelas que son SEGURAS.

Kensington siempre ha sido único, y el vecindario adopta la cohesión. La verdad es que las personas de Kensington trabajan juntas, y nos hemos encargado de resolver las disputas porque descubrimos que la policía no es confiable ni fiable. Pero esto no es suficiente. Trabajar solo y sin recursos es injusto para las personas del vecindario. La comunidad de Kensington quiere cambios que no nos hagan sentir encarcelados en nuestros propios hogares o excesivamente vigilados en nuestras escuelas. Para que estos cambios sucedan, necesitamos fondos y recursos que nos ayuden a levantar nuestra comunidad y reconstruirla en una que merezcamos.


Traductora: Solmaira Valerio / Editora: Gabriela Rivera / Diseñador: Henry Savage

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